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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica (2do. Trimestre 2008)"

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La naturaleza de Cristo 
Capítulo 4 

EL VERBO SE HIZO CARNE: 
¿Cómo Adán o como nosotros? 



H 



ace algunos años asistí a la Escuela Sabática de una iglesia en 
Brooklyn, Nueva York. El repaso de la lección, dada en gene- 
ral, se desarrollaba cordial-mente bajo la dirección capaz de dos 
estudiantes de la Universidad Andrews. 

En este ambiente de tranquilidad, de súbito un hermano se puso de pie y, 
quizá con malicia premeditada, hizo este sorprendente pronunciamiento: 
"Yo creo -dijo- que Cristo nació en pecado y fue formado en iniquidad", 
utilizando las palabras de una versión popular de Salmo 51:5. 

Mientras se sentaba (y no volvió a hablar más), se levantaron manos por to- 
dos lados. Todo el lugar se encendió de emoción. De alguna manera, instin- 
tivamente, la gente sabía que algo había de sospechoso en la afirmación de 
ese hermano. Parecían darse cuenta de que todo el que nace en esa condición 
necesita un salvador. Es un asunto que ha captado la reflexión y controver- 
sia cristiana a lo largo de los siglos. 

De ello, la pregunta que tenemos ante nosotros: ¿Como Adán o como noso- 
tros? ¿Como quién fue? 

Al típico estilo oriental, Nicodemo inició su entrevista nocturna con Jesús 
con un bocado de cumplidos: "Rabí, sabemos que has venido de Dios como 
maestro, porque nadie puede hacer estas señales que tú haces..." 

Jesús suavemente hizo a un lado los halagos y fue directamente al punto: 
"El que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios" (Juan 3:1-3). 

Intentando evitar la estocada espiritual de la observación de Cristo, Nico- 
demo interpuso un enigma: "¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? 
¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer?" 
(versículo 4). La pregunta es importante debido al tema que estudiamos, 
porque concentra fuertemente la atención, ya sea en forma indirecta o in- 

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advertida, en el milagro y misterio de la encarnación. Es probable que Ni- 
codemo no se diera cuenta de que estaba sentado en la presencia de quien 
era un espécimen vivo de un fenómeno infinitamente más complejo. Jesús 
era quien Miqueas describió como la persona cuyas "salidas son desde el 
principio, desde los días de la eternidad" (Miqueas 5:2). Él era aquel descrito 
por Isaías como "Dios fuerte. Padre Eterno" (Isaías 9:6). 

Y la asombrosa afirmación del Nuevo Testamento es que esta misma per- 
sona entró, de hecho, en el vientre de una madre humana — una parte de su 
propia creación — , se desarrolló durante nueve meses como un embrión normal 
y después nació como un niño indefenso en un establo de Belén. ¡Absoluta- 
mente increíble para la mente! Elena de White dijo: "Cuando deseemos estu- 
diar un problema profundo, concentremos nuestra mente en lo más maravi- 
lloso que haya acontecido en la tierra o en el cielo: la encarnación del Hijo 
de Dios". La palabra castellana "encarnación" proviene de dos palabras lati- 
nas: in (significa "en") y caro o carnis (significa "carne"). Entonces, "encarna- 
ción" significa literalmente "en carne" o, refiriéndose a Cristo, "llegar a ser 
carne". 

En la Escritura la afirmación más clara de esta doctrina se encuentra en Juan 
1:14: "Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (y vimos su gloría, glo- 
ria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad". 

La encarnación es la doctrina clave de la cristiandad, la doctrina central de la 
fe cristiana. Sin ella todo el canon de la Escritura se convierte en un docu- 
mento sin sentido; una tontería. Aun así muchos cristianos a través de los 
siglos han tenido dificultad para aceptar la idea de la encarnación. Algu- 
nos, como los gnósticos, no pudieron aceptar la humanidad real de Jesús. 
Otros como los ebionitas (un grupo primitivo de cristianos judíos), no pudieron 
aceptar la divinidad real del Salvador. El amargo e intenso debate inicial y la 
controversia que surgió de estas comprensiones conflictivas de Cristo, duró 
300 años, hasta el Concilio de Nicea en el año 325 d.C. Los delegados a ese 
concilio, representando a toda la cristiandad, finalmente llegaron a un 
acuerdo en cuanto a la divinidad y humanidad de Cristo. Cito del credo ni- 
ceno: "Creemos en un Dios, el Padre Todopoderoso... y en un Señor, Jesucris- 
to... unigénito, no creado, de la misma sustancia (homooúsios) que el Padre, a 
través de quien todas las cosas llegaron a la existencia... 



Comentarios de Elena de White, Comentario bíblico adventista, tomo 7, p. 916. 
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"Quien a causa de nosotros los hombres, y a causa de nuestra salvación des- 
cendió y se encarnó, llegando a ser hombre, sufrió y resucitó al tercer día, as- 
cendió a los cielos, y vendrá a juzgar a vivos y a muertos". 

Pero si Cristo fue tanto hombre como Dios, entonces ¿cómo estaban combi- 
nadas la humanidad y la divinidad en una sola persona? ¿Cómo se relaciona- 
ban? ¿Era un esquizofrénico? ¿Era una sola persona, o dos personas? Era una 
asunto de inmensa complejidad teológica, y ocupó la atención de teólogos y 
filósofos por otros 125 años, hasta que se definió en el Concilio de Calcedonia 
en el 451 d.C. 

Aquí esta la declaración, o por lo menos parte de ella, que resultó de ese 
concilio. Noten la precaución extrema del lenguaje utilizado al servicio de 
este gran misterio. Observen el cuidado que se presta para cerrar toda eva- 
siva y encontrar un camino a través de todas las dificultades teológicas que 
habían engañado a muchos a lo largo de los siglos. Es un resonante testimo- 
nio a la erudición cuidadosa y reverente. 

"Entonces, siguiendo a los santos padres (es decir, los apóstoles, los prime- 
ros padres de la iglesia), todos nosotros con una voz enseñamos... que nues- 
tro Señor Jesucristo es uno y el mismo Dios, el mismo perfecto en la divini- 
dad, el mismo perfecto en la humanidad, verdadero Dios, verdadero hom- 
bre... en todas las cosas como nosotros, exceptuando sólo el pecado... uno y 
el mismo Cristo, Hijo, Señor, Unigénito, dado a conocer en dos naturalezas 
(que existen) sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación, la dife- 
rencia de naturalezas de ninguna manera habiendo sido hechas a un lado a 
causa de la unión, pero en cambio las propiedades de cada una preserva- 
das, y (ambas) concurriendo en una persona... no partidas o divididas en 
dos personas... sino uno y el mismo Hijo unigénito, el Logos divino, el Señor 
Jesucristo". 

En este brillante credo, hay un pensamiento muy bien diseñado que enfati- 
za un asunto en el que muchos han naufragado. El pensamiento dice: "En to- 
das las cosas como nosotros, exceptuando sólo el pecado". 

¿Qué significa esto? Si Cristo en verdad se convirtió en un ser humano, ¿cómo 
fue capaz de evitar la infección universal del pecado? ¿Fue realmente como 
nosotros, o fue como Adán antes de la caída? 



2 Citado en John M. Davidson Kelly, Earíy Christian Creeos [Los primeros credos cristianos], pp. 215,216. 

3 Citado en J. Alian González, A History of Christian Thought [Historia del pensamiento cristiano], t. 1, pp. 
390,391. 

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El camino delante de nosotros está lleno de minas y arenas movedizas y 
debemos abrirnos paso cuidadosamente. Pero al final se verá que el factor 
que implica el mayor peligro para nosotros son nuestros propios complejos 
y opiniones preconcebidas. 

Estudiaremos primero el cuadro bíblico, y después, debido a que este es un 
libro primordialmente para adventistas, los escritos de Elena de White. Ob- 
viamente no podemos presentar todas las citas y textos sobre el tema. Sin em- 
bargo, nada esencial para el tema será esquivado o escondido debajo de la 
alfombra. Y sacaremos nuestra conclusión a la luz de la evidencia completa. 

La afirmación dei Nuevo Testamento 

Me desconciertan quienes entre nosotros presentan la evidencia de la 
humanidad real de Cristo como si fuera un punto en el cual los adventistas 
necesitamos convencernos. Según mi propia observación, la mayoría (si no 
lo son todos) de los adventistas aceptan plenamente el hecho de la humani- 
dad de Cristo, y es difícil que haya necesidad de multiplicar los argumen- 
tos para defender el punto. 

Pero para no parecer negligente en este aspecto, aquí presento un breve re- 
sumen de la evidencia, casi en la exacta forma como todos los estudiantes del 
seminario de la Universidad Andrews lo han recibido de labios de quien ha 
sido durante largo tiempo profesor de Teología allí, el Dr. Raoul Dederen. 

1. En el Nuevo Testamento se describe a Cristo como quien poseía 
los elementos esenciales de la naturaleza humana; carne y sangre. 
"Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él tam- 
bién participó de lo mismo para destruir por medio de la muerte al 
que tenía el imperio de la muerte" (Hebreos 2:14). Y Juan afirma que 
"todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de 
Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en car- 
ne, no es de Dios" (1 Juan 4:2, 3). 

2. Tuvo una madre humana. "Pero cuando vino el cumplimiento del 
tiempo. Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la Ley" 
(Calatas 4:4). 

3. Cristo estuvo sujeto a las leyes normales del desarrollo humano. La 
Biblia dice que "crecía en sabiduría, en estatura y en gracia para con 
Dios y los hombres" (Lucas 2:52; compárese con Lucas 2:40, 46). El 
libro de Hebreos dice que "a través del sufrimiento aprendió (llegó a 
entender) lo que es la obediencia" (Hebreos 5:8). 

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4. Experimentó las deficiencias físicas que caracterizan a los seres 
humanos normales. Por ejemplo, tuvo hambre (Mateo 4:2; 21:18), 
sed (Juan 4:7; 19:28), fatiga (Mateo 8:24) y cansancio (Juan 4:6). 

Así que, si creemos en la Biblia, no podemos tener dudas en cuanto a la 
humanidad real de Cristo. Hablando de la humillación de Cristo, Pablo de- 
clara que "se despojó a sí mismo, tomó la forma de siervo y se hizo semejan- 
te a los hombres" (Filipenses. 2:7). Y otra vez, en Romanos afirma que Jesús 
vino en "semejanza de carne de pecado" (Romanos 8:3). Vino a ayudarnos, di- 
ce el autor de Hebreos, "por lo cual debía ser en todo semejante a sus herma- 
nos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote" (Hebreos 2:17). 

Es el colmo de la malicia, para no decir deshonestidad, crear la impresión de 
que la mayoría de los adventistas no creen en el humanidad real del Salvador. 
Digamos con toda claridad que las prédicas en cuanto a la naturaleza humana 
de Cristo Jesús son un desperdicio para la mayoría de nosotros. Creemos en ella. 
La predicamos. La enseñamos. Nuestra iglesia sería anticristiana si no creyera así. 
¿Puedo hacerlo más claro? 

No obstante, hay sólo una "pequeña" excepción que algunos de nosotros 
hemos tratado de hacer entender. Llegaremos a ella a su debido tiempo. Y esa 
única "pequeña" excepción ¡hace una enorme diferencia! 

Elena de White confirma la humanidad de Cristo 

Cuando nos dirigimos a los escritos de Elena de White, encontramos una mul- 
titud de declaraciones con un énfasis similar al encontrado en el Nuevo Tes- 
tamento. Aquí hay una muestra. 

"La humanidad del Hijo de Dios es todo para nosotros. Es la cadena áurea que 
une nuestra alma con Cristo, y mediante Cristo, con Dios. Esto ha de ser 
nuestro estudio. Cristo fue un verdadero hombre. Dio prueba de su humil- 
dad al convertirse en hombre". 

"Cristo efectuó la redención del hombre por medio de su obediencia a todos 
los mandamientos de Dios. Esto no fue hecho saliéndose de sí mismo [de 
su divinidad], sino tomando consigo [entrando en] la humanidad... Cristo 
tomó la naturaleza humana para que los hombres pudieran ser uno con él 
como él es uno con el Padre, para que Dios amara al hombre como ama a su 



" Elena de White, Mensajes selectos, tomo 1, p. 286. 

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Hijo unigénito, para que los hombres fueran participantes de la naturaleza 
divina y fueran completos en él". 

"Desde toda la eternidad, Cristo estuvo unido con el Padre, y cuando se re- 
vistió de la naturaleza humana, siguió siendo uno con Dios. Él es el vínculo 
que une a Dios con la humanidad". '' 

"No podía venir en la forma de un ángel, pues a menos que se encontrara con 
el hombre como hombre y testificara mediante su relación con Dios que no 
le había sido dado poder divino en una forma diferente a como nos es dado 
a nosotros, no podía ser un ejemplo perfecto para nosotros". ' 

"Cristo ascendió al cielo llevando una humanidad santificada y sagrada. 
Llevó esa humanidad consigo a las cortes celestiales, y a través de los siglos 
eternos la retendrá, como Aquel que redimió a cada ser humano que está en 
la ciudad de Dios". 

"Cuando Jesús tomó la naturaleza humana y se convirtió en semejanza de 
hombre, poseía el organismo humano completo. Sus necesidades eran las ne- 
cesidades de un hombre". ' 

"Con profundo interés, la madre de Jesús miraba el desarrollo de sus faculta- 
des... Mediante el Espíritu Santo recibió sabiduría para cooperar con los agen- 
tes celestiales en el desarrollo de este niño que no tenía otro padre que Dios". '" 

"Al tomar nuestra naturaleza, el Salvador se vinculó con la humanidad por 
un vínculo que nunca se ha de romper". 

"Para que él pudiera cumplir su propósito de amor por la raza caída, se hizo 
hueso de nuestro hueso y carne de nuestra carne... la Divinidad y la huma- 
nidad fueron misteriosamente combinadas, y el hombre y Dios se volvieron 
uno". '^ 



5 Comentarios de Elena de White, Comentaría bíblico adventista, tomo 7, p. 939. 

6 Mensajes selectos, tomo 1, pp. 267, 268. 

^ Comentarios de Elena de White, Comentarío bíblico adventista, tomo 7, pp. 936, 937. 

8;b/(í.,tomo6, p. 1054. 

9 /Wd, tomo 5, p. 1104. 

^^ El Deseado de todas las gentes, p. 49. 

11 Ibid, p. 17. 

12 The Faith I Uve By [la fe por la cual vivo], p. 48. 

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"Al tomar sobre sí la naturaleza humana en su condición caída, Cristo no 
participó en lo más mínimo en su pecado. Estuvo sometido a las debilidades y 
flaquezas por las cuales está rodeado el hombre". 

"Cristo, que no conocía en lo más mínimo la mancha o contaminación del pe- 
cado, tomó nuestra naturaleza en su condición deteriorada". '* 
"Habría sido una humillación casi infinita para el Hijo de Dios revestirse de 
la naturaleza humana, aun cuando Adán poseía la inocencia del Edén. Pero 
Jesús aceptó la humanidad cuando la especie se hallaba debilitada por cuatro 
mil años de pecado. Como cualquier hijo de Adán, aceptó los efectos de la 
gran ley de la herencia. Y la historia de sus antepasados terrenales demuestra 
cuáles eran aquellos defectos. Mas él vino con una herencia tal para com- 
partir nuestras penas y tentaciones, y darnos el ejemplo de una vida sin pe- 
cado". '* 

"Cuando Cristo inclinó la cabeza y murió, echó por tierra las columnas del 
reino de Satanás. Derrotó a Satanás con la misma naturaleza sobre la cual él 
había obtenido la victoria en el Edén. El enemigo fue vencido por Cristo con 
su naturaleza humana. El poder de la Deidad del Salvador estaba oculto. 
Venció con la naturaleza humana dependiendo de Dios para su poder. Este 
es el privilegio de todos. Nuestra victoria será en proporción a nuestra fe". "" 

Estas son afirmaciones poderosas, escritas para nuestro ánimo y consolación. 
Jesús es realmente uno con nosotros. Sabe lo que sentimos. El comprende. Y 
Elena de White nos informa que "Cristo ascendió al cielo llevando una huma- 
nidad santificada y sagrada.... y a través de los siglos eternos la retendrá, 
como Aquel que redimió a cada ser humano que está en la ciudad de Dios". 

Entonces la solidaridad de Cristo con nosotros es real y permanente. 

Estas son afirmaciones adventistas. No debemos esquivarlas, y el libro 
Questions on Doctrine no las esquivó, en contra de los cargos hechos por 
Andreasen y sus actuales seguidores. Consiga una copia, si puede, y mire las 
páginas 653-658. Las afirmaciones más fuertes que he incluido aquí, fueron ci- 
tadas allí. No decimos la verdad si pretendemos lo contrario. 



" Comentarios de Elena de White, Comentario bíblico adventista , tomo 5, p. 1 105. 

1" Mensajes seiectos, tomo 1 , p. 296. 

^^ El Deseado de todas las gentes, p. 32. 

15 Comentarios de Elena de White, Comentario bíblico adventista, tomo 5, p. 1083. 

";W(í.,tomo6, p. 1054. 

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Estas son buenas declaraciones. Eso es lo que Dios hizo por nosotros. Va mu- 
cho más allá de mis expectativas más optimistas. Y a menudo me encuentro a 
mí mismo queriendo decir: "Querido Dios, estás yendo muy lejos. Es sufi- 
ciente que se haya hecho como nosotros. Pero no necesita permanecer como 
nosotros. No me preocupa si regresa a su estado original". "Pero no -Dios 
me dice-, ¡la solidaridad de Cristo con la familia humana es para siempre!" 

Desde otro ángulo 

De algún modo, hay adventistas que han desarrollado una obsesión por estas 
declaraciones de afinidad. Lo cierto es que se escuchan tan categóricas, que 
el novato nunca sospechará de inmediato que puede haber algunos ate- 
nuantes. Aunque fácilmente podríamos perdonar al novato, encontramos 
simplemente asombroso que haya veteranos que tengan ganas de sacar con- 
clusiones únicamente de parte de la evidencia total. 

Porque mientras es claro que Cristo compartió una afinidad muy cercana con 
nosotros, la evidencia también indica que fue, al mismo tiempo, diferente de 
nosotros. El libro de Hebreos lo describe como "santo, inocente, sin mancha, 
apartado de los pecadores" (Hebreos 7:26). Y en las palabras del apóstol 
Juan, "no hay pecado en él" (1 Juan 3:5) Esto no significa simplemente que no 
cometió pecado; conclusión a la que llegan rápidamente los novatos. Signifi- 
ca mucho más. Significa que en tanto Salmo 51:5 ("He aquí en maldad he sido 
formado y en pecado me concibió mi madre") se aplica a todo descendiente 
de Adán, no se aplicó a él. 

De hecho, si examinamos cuidadosamente los pasajes de Romanos y Fili- 
penses que hablan acerca de la afinidad de Cristo con nosotros, observare- 
mos algo muy significativo. En el texto de Filipenses, el apóstol describe a 
Cristo como "tomando la forma [morfé, la misma naturaleza] de siervo" (Fili- 
penses 2:7). La palabra morfé es una palabra fuerte, usada anteriormente en el 
mismo pasaje cuando describe la afinidad de Cristo con el Padre antes de la 
encarnación. Seguramente entonces, el apóstol quiere indicar la plenitud 
(100%) del estado de siervo de Cristo. 

Pero cuando llega al asunto de la afinidad ontológica de Cristo con nosotros 
(es decir, la semejanza de Cristo con nosotros con respecto a la esencia de su 
ser y naturaleza), Pablo cambia a una palabra más sutil. Dice que Cristo "fue 
hecho semejante a los hombres" (Filipenses 2:7), usando la palabra griega 
homoiómati. Entendemos mejor este cambio crucial cuando lo comparamos 
con el texto paralelo en Romanos. Allí Pablo describe a Cristo enviado "en 
semejanza [homoiómati] de carne de pecado" (Romanos 8:3). 
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En su respetado léxico del Nuevo Testamento, William Arndt y F. W. Gin- 
grich proveen alguna idea esclarecedora en cuanto a la posible razón para el 
uso de este término. Observan que la palabra homoióma (de la que deriva 
homoiómati), como es usada en Romanos 8 y Filipenses 2, podría sugerir una 
de dos ideas: (1) "Que el Señor en su ministerio terrenal poseyó una forma 
completamente humana y que su cuerpo físico era capaz de pecar como los 
cuerpos humanos", o (2) "que él sólo tenía la forma de un hombre, y se miraba 
como hombre... mientras que en realidad permanecía como ser divino aun en 
este mundo". '^ 

¿Pero cuál, si es que alguna, de estas posibilidades cruzó por la mente de Pa- 
blo? Al respecto, Arndt y Gingrich llegaron a la siguiente conclusión: "A la 
luz de lo que Pablo dice acerca de Jesús en general es seguro afirmar que su 
uso de nuestra palabra (homoióma) tiene como fin resaltar ambas cosas: que 
Jesús en su carrera terrenal fue semejante al hombre pecaminoso y, sin em- 
bargo, no absolutamente igual a él". 

La validez de esta conclusión parece evidente por el contexto del pasaje de 
Romanos. Porque allí la preocupación del apóstol era destacar cuan vital 
fue la venida de Cristo para romper la desesperanza de nuestro aprieto en 
el pecado. "Lo que era imposible para la Ley, por cuanto era débil por la 
carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado, y a causa del 
pecado, condenó al pecado en la carne" (Romanos 8:3). Obviamente, si Cris- 
to hubiera venido con nuestra naturaleza pecaminosa -100% como noso- 
tros-, entonces "la justicia de la Ley" (versículo 4) habría permanecido sin 
cumplirse como siempre, frustrada por su naturaleza carnal. Para expresar 
por una parte el hecho de la afinidad y solidaridad de Cristo con nosotros, y 
al mismo tiempo su crucial distinción con nosotros -una distinción que hace 
un mundo de diferencia para nosotros-, Pablo cuidadosamente utilizó la pala- 
bra griega homoióma (semejanza). 

Pero alguien podría cuestionar en este momento que estoy olvidando algu- 
nos de los pasajes citados anteriormente del libro a los Hebreos, pasajes que 
indican que Jesús fue completamente como nosotros. 

No, no lo estoy olvidando. El más fuerte de estos pasajes es: "Por lo cual deb- 
ía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y 
fiel sumo sacerdote (Hebreos 2:17). 



^^ A Greek-English Lexicón of the New Testament and Other Early Christian Literature [Léxico Griego- 
Inglés del Nuevo Testamento y otra literatura cristiana primitiva], p. 567. 
« Ibid. 

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Nosotros deberíamos ser cuidadosos de no diluir el claro significado de las 
Escrituras o esquivar su impacto. Pero tampoco nos podemos arriesgar a ser 
dogmáticos literalistas cuando un texto o pasaje está claramente abierto a 
otras interpretaciones. 

En este caso tenemos una clara evidencia empírica, de que toda persona que 
nace en este mundo inmediatamente está en necesidad de redención. Por lo 
tanto, si tomamos una interpretación literal de Hebreos 2:17, y concluimos 
que no hay diferencia en absoluto entre Cristo y nosotros, nos enfrentaremos 
inevitablemente a problemas teológicos insuperables, como será hará claro al 
finalizar este capítulo. 

Por ahora, desengañémonos del literalismo inapropiado, comparando las ex- 
presiones aparentemente categóricas utihzadas en Hebreos 2:17 (en cursiva 
arriba) con expresiones similares utilizadas en otras partes de la Escritura, 
que difícilmente querríamos interpretar en la misma forma categórica. Génesis 
5:5 dice que Abraham dio "todo cuanto tenía" a Isaac. Pero en el siguiente 
versículo le encontramos dando dones a los hijos de sus concubinas antes de 
despedirlos. Si había dado hteralmente "todo cuanto tenía" a Isaac, ¿dónde pu- 
do encontrar otros dones para darles a sus demás hijos? 

En Génesis 9:3 y 4, Dios informó a Noé que "todo lo que se mueve y vive, 
os será para mantenimiento [comida]". Pero sabemos por otros pasajes (Leví- 
tico 11, por ejemplo), que "todo" en ese contexto no era categórico. 

En 1 Timoteo 4:4 encontramos que Pablo dice que "todo lo que Dios creó es 
bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias", pero nin- 
guno de nosotros saldría y comería como si Pablo nos hubiera dado licencia 
para darnos el lujo de comer indiscriminadamente de todo lo que hay en el 
supermercado, ¿no es cierto? 

Dios nos ordena por medio de Pedro, "por causa del Señor, someteos a to- 
da institución humana" (1 Pedro 2:13). Sin embargo tenemos una muy buena 
idea de lo que debemos hacer cuando las ordenes humanas entren en conflic- 
to con las de Dios, como el mismo Pedro nos lo demuestra cuando dijo "es 
necesario obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hechos 5:28,29; compá- 
rese con 4:19, 20). 

En Romanos 14:20 Pablo declara que "todas las cosas a la verdad son limpias". 
Pero, ¿qué significa eso? Si los cristianos del siglo XX estaban buscando li- 
cencia para comer todo lo que desearan, ¿podrían encontrar consuelo en este 
texto? ¿No deberían examinar el contexto de las declaraciones de Pablo, y 
comparar la Escritura con la Escritura? Y cuando dice en Romanos 1 1 :26 que 
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"todo Israel será salvo", ¿no estamos obligados a hacer el mismo tipo de 
evaluación? 

En 1 Corintios 5:7 Pablo (citando Salmo 8:6) indica que Dios había puesto 
"todo" bajo los pies de Cristo. Pero inmediatamente introduce una excep- 
ción: "Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, clara- 
mente se exceptúa a aquel que sujetó a él todas las cosas". 

Sin embargo, cuando llegamos a Hebreos 2:17 y pasajes similares, pareciera 
que tomáramos la posición de que no se necesita interpretación. Y tan exce- 
sivos somos algunos de nosotros en nuestra posición preferida, que nos ha- 
cemos impenetrables a cualquier lógica teológica en la materia, por así decir- 
lo. 

Como vimos en el capítulo 2, A. T. Jones fue forzado a confrontar las conse- 
cuencias de insistir en una afinidad absoluta, de 100%, debido a una decla- 
ración muy clara de Elena de White, a la que alguien que preguntaba le 
había llamado la atención. Según Elena de White: "[Cristo] se hermana 
con nuestras flaquezas, /7ero no alimenta pasiones semejantes a las nuestras". ^° 
Jones fue forzado a considerar que si la afinidad era absoluta, ¿esto incluía la 
mente de Cristo? ¿Tuvo él una mente carnal? 

Vimos cómo Jones intentó evadir el problema, sin éxito en mi opinión. No se 
puede insistir en un 100% de afinidad y luego exceptuar la mente de Cristo. 
En castellano claro, sólo mencionarlo es una tontería. Como cualquier niño 
de escuela sabe, la mente es una parte esencial del cuerpo. Sin ella tenemos a una 
persona incompleta; en realidad, una no -persona. Si continuamos insistien- 
do en un 100% de afinidad, no hay forma de esquivar este problema. ¡Debe- 
mos admitirlo! 

De manera que hemos de reconocer que todo discurso humano debe ser com- 
prendido en este contexto. Cuando le decimos a un huésped: "Siéntase usted 
como en su casa; mi casa y todo lo que hay en ella es suyo", estamos dese- 
ando que nuestro visitante se sienta cómodo y se cree una atmósfera de infor- 
malidad y relajación. Pero uno ciertamente no lo quiere decir en forma literal. 
Y nuestro sabio huésped no lo tomará como un permiso para examinar todos 
los cajones y nuestros documentos privados. 

Unos jóvenes amigos llegan de visita, y el padre le dice a su hijo: "¡Llévalos 
adonde quieras!, ¡muéstrales todo!, ¡es tu noche libre en la ciudad!, ¡vívanla!, 
¡disfrútenla!" Si un buen padre adventista le dice eso a su responsable hijo 

20 Joyas de los testimonios, tomo 1, p. 218. 

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adventista, ambas partes (padre e hijo) tendrán un mutuo entendimiento de 
lo que esas palabras connotan y lo que no. Ambos sabrán que no constitu- 
yen una licencia para la frivolidad y la disipación. Y si los visitantes también 
son cristianos, entenderán perfectamente que esas palabras del padre fueron 
dichas con un entendimiento de límites claros en la mente. Nosotros ma- 
lentenderíamos todo el espíritu del mensaje comunicado, si no supiéramos 
las convicciones morales y religiosas básicas de los que están involucrados. 

Con este trasfondo en la mente, podemos entender que la frase "en todo" de 
Hebreos 2:17 quiere decir que Cristo llegó a ser como nosotros en toda forma 
esencial En otras palabras, el fue un ser humano real, sujeto a las vicisitudes, pe- 
ligros y limitaciones que nos amenazan a todos nosotros. 

El problema con algunos de nosotros -para los que la naturaleza humana de 
Cristo se ha convertido en una obsesión-, es que han descuidado considerar 
toda la evidencia. Su empresa es tan urgente que no tienen tiempo para de- 
tenerse y considerar todos los hechos. 

En esta discusión, no hemos esquivado el hecho de que Cristo es como noso- 
tros. Al contrario, hemos presentado la evidencia; tanto de la Biblia como de 
los escritos de Elena de White. Por otro lado, sin embargo, no nos atrevemos 
a esconder debajo de la alfombra la evidencia de la diferencia de Cristo con 
nosotros, que encontramos en la Escritura y también en los escritos de Elena 
de White. 

La diferencia en deciaraciones de Eiena de Wiiite 

Elena de White me asombra una y otra vez. No asistió a ningún seminario o 
escuela teológica. No recibió instrucción sobre teología sistemática; y esto 
es evidente cuando se lee sus voluminosos escritos. Pero en los aspectos 
críticos de la teología cristiana, es más directa y profunda de lo que han sido 
muchos teólogos preparados a lo largo de los siglos. A continuación, en unas 
pocas declaraciones claves, está la forma como expresó el hecho de la dife- 
rencia esencial entre Cristo y nosotros. En cada caso, he destacado las pala- 
bras que son más directamente pertinentes al argumentó que desarrolla- 
mos aquí. 

"Él [Cristo] había de ocupar su puesto a la cabeza de la humanidad tomando 
la naturaleza, pero no la pecaminosidad del hombre ", '^' 



21 Comentarios de Elena de White; Comentario bíblico adventista, tomo 7, p. 937. 
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"Él oró por sus discípulos y por sí mismo, y así se identificó con nuestras ne- 
cesidades, nuestras debilidades y nuestras flaquezas, que son tan comunes 
con la humanidad. Fue un poderoso suplicante, sin poseer las pasiones de 
nuestras naturalezas humanas caídas, pero concebido con nuestras dolencias, 
tentado en todo así como nosotros". 

"Él es nuestro ejemplo en todo. Se hermana con nuestras flaquezas, pero no 
alimenta pasiones semejantes a las nuestras. Como no pecó, su naturaleza re- 
huía el mal". " 

Justo en este punto, antes de avanzar más, permítanme una interrupción para 
yuxtaponer la argumentación de Andreasen acerca de lo mismo, con el fln 
de que puedan ver por ustedes mismos si todos los que pretenden tener a 
Elena de White de su lado realmente la tienen. Vuelvan a leer las dos decla- 
raciones previas del Espíritu de Profecía y después recuerden la declaración 
de Andreasen citada en el capítulo anterior: "Questions on Doctrine, página 
383, asevera que Cristo estaba exento. El Espíritu de Profecía aclara que Cris- 
to no estaba exento de las tentaciones y pasiones que afligen a los hombres. 
Quien acepte esta nueva teología debe rechazar los Testimonios. No hay otra 
opción". " 

¿Podemos creer lo que ven nuestros ojos? ¿Está el emperador completamente 
vestido, o completamente desnudo? Aquí Elena de White nos dice una cosa 
y Andreasen (que pretende ser una autoridad en sus escritos) nos dice que 
ella enseñó otra cosa. Todavía si hubiera encontrado este fenómeno una 
vez, pero lo he encontrado cientos de veces en los escritos de los portavo- 
ces del ala derecha del adventismo contemporáneo. Estoy profundamente 
preocupado por esta forma irresponsable (casi podría decir deshonesta) de 
manejar la evidencia. 

Ahora regresemos a las declaraciones de los escritos de Elena de White en 
donde establece la diferencia de Cristo con nosotros. 



22 Testimonies, tomo 2, pp. 508,509. 

23 Joyas de ios testimonios, tomo 1, p. 218. 

2" . L. Andreasen, Letters to ttie Ctiurcties [Cartas a las iglesias]. Serie A, N" 1, "Ttie Encamation. Was 
Cliríst Exempt?" [La encarnación. ¿Estaba Cristo exento?], p. 3. 

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"Tomó sobre sí la naturaleza humana, y fue tentado en todo sentido como es 
tentada la naturaleza humana. Podría haber pecado; podría haber caído, pero en 
ningún momento hubo en él tendencia alguna al mal" (en énfasis es mío). ^^ 

dSe contradijo a sí mismaP 

A primera vista, los dos grupos de afirmaciones (sus declaraciones de se- 
mejanza y de diferencia) parecen contradictorias. Si "tendencia al mal" (o 
"pasiones") se refiere a una tendencia innata o inherente hacia el pecado, una 
disposición favorable hacia él, una tendencia o inclinación en esa dirección, 
¿cómo puede uno decir que Cristo tomó la naturaleza humana después de 
4.000 años de degeneración y aun así no fue infectado por esta enfermedad, 
este cáncer, este virus que ciertamente nos ha infectado a todos y del cual 
todos necesitamos liberación? ¿Se contradijo ella a sí misma? 

Una clave para explicar esta aparente contradicción ha sido sugerida por Tim 
Poirier, del Patrimonio de Elena G. de White. ' Poirier encontró en los escri- 
tos del Rev. Henry Melvill, uno de los autores que Elena de White leyó con 
cuidado mientras preparó su material sobre la encarnación, un sermón titula- 
do "La humillación del hombre Cristo Jesús". En este sermón Melvill sus- 
tentaba que la caída tuvo dos consecuencias básicas: (1) "flaquezas [o dolen- 
cias] inocentes", y (2) "tendencias pecaminosas". Por "flaquezas inocen- 
tes" Melvill pensaba en características como hambre, dolor, debilidad, aflic- 
ción y muerte. '' Aunque estas son consecuencias del pecado, no son peca- 
minosas. Por ejemplo, el pecado introdujo el dolor, pero el dolor en sí mismo 
no es pecado. Son flaquezas inocentes. Sin embargo Melvill también habló de 
"tendencias pecaminosas". Estas se refieren a propensión o tendencias al mal. 

Resumiendo su posición, Melvill hizo claro que desde su punto de vista, 
Adán no tenía ni flaquezas inocentes, ni tendencias pecaminosas. Por otro 



^^ Comentarios de Elena de White: Comentario bíblico adventista, tomo 5, p. 1 102. Ralpin Larson ha hecho 
un tremendo esfuerzo para desviar el impacto de estas declaraciones acerca de las propensiones. Véase 
Ttie Word Was Made Fiesti, pp. 23-28. Encuentro que sus explicaciones son artificiales e inventadas. 
^^ Véase "Sources Clarify Ellen White's Christology" [Fuentes clarifican la cristología de Elena de White]", 
Ministry, diciembre de 1989, págs. 7-9. 

27 Aquí la referencia de Melvill a hambre, dolor, aflicción y muerte debe ser probablemente entendida en el 
contexto de Apocalipsis 21:4. En este pasaje, refiriéndose a la restauración final, el profeta dice que "no 
habrá más muerte, ni llanto, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas pasaron". Concluir de esta de- 
clara ción que Melvill creía que Adán antes de la caída no tenía sensores de dolor, por ejemplo, o que es- 
taba por encima de la sensación de hambre, sería insostenible. De cualquier forma, juzgar la rectitud de la 
teología de Melvill no es nuestro propósito aquí. En cambio, nuestro objetivo es determinar el significado 
de las declaraciones de "propensión" en Elena de White. 

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lado, nosotros nacimos con ambas. No obstante, Cristo tomó lo primero (fla- 
quezas inocentes), pero no las segundas (tendencias pecaminosas). 

Por lo tanto, como Elena de White estaba familiarizada con estas distinciones 
en el sermón de Melvill, parece razonable concluir que ella usó la expresión 
"tendencias pecaminosas" en un sentido similar al de Melvill. Ahondar en 
el laberinto de las definiciones formales del diccionario, como lo hizo Larson, 
" parece forzado, antinatural y no convincente. 

En consecuencia podríamos concluir que en lo que concierne a Elena de White, 
Cristo no era ni exactamente como Adán antes de la caída ni como nosotros. 
En otras palabras, fue único. Esta es la forma más sencilla y natural de entender 
las aparentes contradicciones de sus afirmaciones. 

Entonces ahora la pregunta final es: ¿Por qué Cristo fue único? 

La posición del Nuevo Testamento es muy clara. El mundo entero está "bajo 
pecado". "No hay justo, ni aun uno" (Romanos 3:9, 10). Nadie puede jactarse. 
"Para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios" 
(versículo 19). "Por la transgresión de uno solo reinó la muerte" y "por la des- 
obediencia de un hombre muchos fueron constituidos pecadores" (Romanos 
5:17,19). Históricamente esto es lo que los teólogos toman en cuenta cuando 
hablan del pecado original. 

Se reconoce que pecado original no es del todo una expresión afortunada. Sin 
embargo, algunos adventistas la han denigrado sin un cuidadoso análisis de 
su significado. Fundamentalmente, el concepto de pecado original significa 
que a causa del pecado de Adán, toda la raza humana ha sido infectada por 
el pecado y que por lo tanto el mundo entero (incluyendo a los bebés) tienen 
necesidad de un Salvador. 

Sin embargo, sin utilizar la expresión "pecado original" (y quizás afortuna- 
damente), Elena de White se refiere al mismo problema humano descrito 
por el apóstol y por los teólogos a lo largo de los siglos: "Por la herencia y 
por el ejemplo, los hijos llegan a ser participantes de los pecados de sus pro- 
genitores. Las malas inclinaciones, el apetito pervertido, la moralidad depra- 
vada... se transmiten como un legado de padres a hijos, hasta la tercera y 
cuarta generación". " "Mientras [Adán y Eva] fuesen obedientes a Dios, el ma- 



2s Véase The Word Was Made Flesh, pp. 23-28. 
ifefas, p. 314. 

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ligno no podría perjudicarles... Pero si cedían a la tentación, su naturaleza se 
depravaría". "" 

Ella describe el pecado como "lepra... que es arraigada, mortífera e imposible 
de ser eliminada por el poder humano -todos han sido infectados, dice-. Pe- 
ro Jesús, al venir a morar en la humanidad, no se contamina. Su presencia tiene 
poder para sanar al pecador" (el énfasis es mío). " 

Como lo vimos desde el primer grupo de afirmaciones que citamos de Elena 
de White, ella vigorosamente defendió la afinidad de Cristo con nosotros, su 
identificación con nosotros en nuestra difícil situación. En mis clases sobre 
Cristología, nunca me canso de enfatizar una afirmación particular de ella, 
cuya belleza arcaica de la literatura del siglo XIX la hace aún más fuerte en 
su énfasis: "Cristo no aparentó que tomaba la naturaleza humana -dijo-; la 
tomó de verdad. Poseyó verdaderamente la naturaleza humana" (el énfasis es 
mío). " 

Pero como un padre que, después de encomendar a su hijo que viaja a la 
universidad a dedicarse con empeño y a estudiar duro, equilibra su fuerte 
consejo con la importancia de la recreación y la sociabilidad, Elena de Whi- 
te vio necesario traernos de regreso al centro con una serie de advertencias 
cuidadosamente pensadas, como hemos visto hasta ahora. 

Su más notable afirmación con respecto a la singularidad de Cristo -que al- 
gunos autores han luchado fuertemente por ocultar o hacer a un lado me- 
diante explicaciones forzadas-, llegó en una carta de 1895 al pastor W. L. H. 
Baker y su esposa, misioneros norteamericanos que entonces servían en 
Tasmania. 

Escribió acerca de la transmisión del pecado: "Estos amados hijos recibieron 
de Adán una herencia de desobediencia, culpa y muerte". ¿Compartió Cristo 
la misma experiencia? Su respuesta fue decidida y enfática: "Sed cuidadosos, 
sumamente cuidadosos en la forma en que os ocupáis de la naturaleza de 
Cristo. No lo presentéis ante la gente como un hombre con tendencias al 
pecado. El es el segundo Adán. El primer Adán fue creado como un ser puro 
y sin pecado, sin una mancha de pecado sobre él; era la imagen de Dios. 

31 íbíd., p. 35. 

^^ £/ Deseado de todas las gentes, p. 231 . 

33 Comentarios de Elena de White; Comentario bíblico adventista, tomo 5, p. 1 105. 
3" Véase The Word Was Made Flesh, páginas 324-328, donde Larson sugiere que el problema de Baker 
era el adopcionismo, una herejía del siglo III que sugirió que Cristo no era el hijo de Dios en el momento 
del nacimiento, sino mas bien que fue subsecuentemente adoptado por el Padre y el Hijo. La evidencia 
dada por Larson para esta explicación forzada es ingeniosa; sin embargo, es totalmente artificial. 
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Podía caer, y cayó por la transgresión. Por causa del pecado su posteridad na- 
ció con tendencias inherentes a la desobediencia . Pero Jesucristo era el unigé- 
nito Hijo de Dios. Tomó sobre sí la naturaleza humana, y fue tentado en todo 
sentido como es tentada la naturaleza humana. Podría haber pecado; podría 
haber caído, pero en ningún momento hubo en él tendencia alguna al mal" (el 
énfasis es mío). 

Con el deseo de explicar cómo fue posible que Cristo evitara la infección 
universal del pecado, su siguiente paso fue destacar que el nacimiento de 
Jesús fue completamente diferente al nuestro: "Un milagro de Dios", dijo, 
citando Lucas 1:31-35. Este pasaje de Lucas termina con estas palabras de los 
labios de Gabriel: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo 
te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que va a nacer 
será llamado Hijo de Dios" (Lucas 1:35). 

"Estas palabras -dijo- no se refieren a ningún ser humano, sino al Hijo del Dios 
infinito". " 

Entonces sigue su más fuerte advertencia en la carta: "Que Cristo pudiera ser 
tentado en todo como lo somos nosotros y sin embargo fuera sin pecado, es un 
misterio que no ha sido explicado a los mortales. La encarnación de Cristo 
siempre ha sido un misterio, y siempre seguirá siéndolo. Lo que se ha revelado 
es para nosotros y para nuestros hijos; pero que cada ser humano permanezca 
en guardia para que no haga a Cristo completamente humano, como uno de 
nosotros, porque esto no puede ser" (el énfasis es mío). " 

Y la razón para esta singularidad es simple. El no sólo vino para darnos 
ejemplo, sino para ser nuestro Salvador. Si el fuera totalmente como nosotros - 
100%-, si él hubiera compartido con nosotros exactamente la misma forma 
de herencia de pecado y culpa que todos recibimos de Adán, entonces hubie- 
ra sido un Salvador lisiado. Pero más aún, él mismo tendría necesidad de un 
Redentor. Sin embargo, dice Elena de White, "él no necesitaba expiación". '* 

Fue "santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores... que no tiene 
necesidad... como aquellos sumo sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios 

35 Comentarios de Elena de White: Comentario bíblico adventista, tomo 5, p. 1102. Véase también Eííen 
G. White Manuscrípt Releases [Manuscritos liberados de Elena de White], tomo 1 3, pp. 1 4-30. 
^^ Ibíd., tomo 5, p. 1103. Por el contrario, Ron Spear, por ejemplo, sostiene que "Cristo recibió de su ma- 
dre, María, la misma naturaleza humana caída que nosotros recibimos de nuestras madres", Our Firm 
Foundation [Nuestro Firme Fundamento], agosto de 1993, p. 2. 
";b/c/.,t.5,p. 1103. 

38 Review and Heraid [Revista y Heraldo], 21 de septiembre de 1886; véase también Questions on Doctri- 
ne, p.. 677. 

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por sus propios pecados". La antigua economía designaba sacerdotes que ne- 
cesitaban luchar con sus propias flaquezas. Pero Dios designó a Jesús "hecho 
perfecto para siempre" (Hebreos 7:26-28). 

Entonces Cristo Jesús vino como un ser humano real. Un ser humano en cada 
sentido esencial de la palabra. Uno con nosotros. Pero no uno de nosotros. "En 
todas las cosas como nosotros, excepto sólo el pecado [experimentado y here- 
dado]", para ser nuestro Salvador y Ejemplo. 

Y en realidad, ¿qué necesitábamos más? ¿Un ejemplo? ¿O un Salvador? Para 
mí, un Salvador. Doy gracias a Dios con todo mi corazón por enviarlo como 
mi ejemplo, ¡pero agradezco aún más a Dios por enviarlo como mi Salvador! 



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